Encerrados en casa por el Covid-19

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¿Qué va «acabar» contigo antes, el confinamiento por el Covid-19 o el propio aburrimiento?

Estamos confinados. Estado de alarma dicen. Lo que no ha conseguido tu mujer o tu chico con suaves pero decididos chantajes emocionales en tantas ocasiones, lo ha conseguido algo tan pequeño tan pequeño que no se ve pero qué miedo da, el coronavirus, el Covid-19 que nos tiene metidos en casa. Confinados e incluso casi contentos de que sea así y no nos ocurra algo peor.

Y es que con tanto confinarnos el Gobierno está ganándonos para nuestras parejas. Hoy es sábado. ¿Salida de casa a las 8 de la mañana con la bici y vuelta a la hora de comer a mesa puesta después de haber recuperado líquidos, cerveza en mano, con los compas del grupo? NO. Nosotros como aconsejan los preparadores físicos a los enclaustrados de bien:

«Que si salgo a hacer la compra, no voy en coche, sino a pie y en vez de subir en el ascensor, voy por las escaleras. Y que si hago teletrabajo y paso muchas horas delante del ordenador, me levanto cada media hora a llamar por teléfono a alguien (…) no usar el lavavajillas, porque si friegas los platos, ya consumes calorías. O si limpias la casa todos los días o pasas el aspirador o la escoba, vas a quemar más calorías. Son pequeñas cosas y si, además incidimos en la técnica postural, fijándonos bien cómo colocamos la espalda, el cuello o las piernas, aún podemos hacer un mejor trabajo».

Estamos recuperando… el dolor de espalda que produce fregar a mano los cacharros tras la comida. Eso sí, la de calorías que quemamos en la era del confinamiento. Y es que vamos a acabar como rastreator, olfateando las esquinas de casa, descubriendo nuevas motas de polvo, haciendo kilómetros dentro de casa a la búsqueda de un pedacito de libertad.

Cada tarde un ratito de gimnasia en casa. Me tiro o mejor escrito me deposito en el suelo, con cuidado. Me tumbo en una esterilla gomosa de esas que aprovechan para vender de saldo las grandes superficies en estos días de encierro involuntario e intento emularme a mí mismo cuando hacía ejercicios para la espalda a los 16 años, tras el diagnóstico de escoliosis. Ya no es lo mismo.

Y es que España es un país de excesos y o bien somos rebeldes en exceso y necesitamos que nos domestiquen bien metiditos en casa o directamente tenemos alma de rebaño y basta con que la tele ofrezca imágenes de policía y el ejército en las calles para que nos estemos quietos. La autoridad competente decidió que era malo que continuásemos con nuestra amada rutina, diviiiiina rutina de salir al monte a juntarnos con las cabras con nuestras e-bikes. No, malo, coronavirus manda y hay que quedarse en casa, todos y en todo momento.

Lo entendimos obedientemente, lloramos con nuestra compañera metálica rodante y la abandonamos a su suerte en un frío trastero sin poder garantizarle que algún día volveremos a buscarla. No en todos los países es así porque en Bélgica, un confinado puede ir por la mañana a hacer la compra en el supermercado, volver a casa a desayunar, enfundarse ropa deportiva y salir a correr al parque.

Luego, después de almorzar y tomarse un descanso, puede pasar por la farmacia y de camino, ver las últimas novedades en la librería. Si el tiempo acompaña, después de leer un rato puede dar un paseo en bicicleta en familia. Es más, el Gobierno belga anima a la gente a practicar deporte. A ver, normal, es una de las mejores maneras de potenciar el sistema inmune, tan necesario para combatir infecciones como pueda ser la del Covid-19.

«Hay gente que no tiene jardín, y que te dé el sol es importante. Si estás en casa durante meses puedes tener problemas como falta de vitamina D o depresión. No hay razones para no ser activos. Deberíamos preguntar a españoles o italianos por qué creen que es peligroso salir con la bici o correr”, apunta el epidemiólogo Marc van Ranst.

En Holanda o Reino Unido tampoco se han impuesto restricciones al deporte individual. Y Francia permite el ejercicio en las inmediaciones del domicilio siempre que no se prolongue demasiado tiempo y previa descarga de un formulario en la web del Ministerio de Interior. Pero nada Spain is diferent también para esto. Suponemos que por eso estos días hay stocks agotados de bicicletas estáticas, rodillos para entrenamiento hogareño y máquinas de todo tipo para hacer ejercicio casero.

Tranquilo majete en tu sillón que ya te queda poco para salir a rodar por esos senderos de dios con tu flamante mountain e-bike.

¡¡Glubb!! Esto no mola nada y no es una e-bike.

A esto del confinamiento ad infinitum sólo podemos verle una última cosa positiva y es que los que estábamos en baja forma el día que recuperemos el vicio con el grupo vamos a estar igual que el resto. ¿No me digáis que no es una bella manera de democratizar la mala forma? El mejor modo de discriminación positiva. Si es que nuestro Gobierno siempre trabaja a favor de los más desfavorecidos, el que antes de confinarse era el machaca del grupo ahora tendrá nuestra misma baja forma de mierda.

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